Día mundial sobre la Concienciación del problema del Ruido

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El 26 de abril, se celebra el Día Mundial sobre la Concienciación del Problema del Ruido 2017, coincidiendo con el último miércoles del mes de abril. Una fecha que no podemos dejar de tener en cuenta si queremos proteger el medio ambiente.
El ruido que genera la Humanidad produce una cantidad de desajustes increíbles en todos los ciclos vitales de la Naturaleza, esta situación ya ha quedado constatada en multitud de investigaciones realizadas por los científicos, es decir, no solamente nos afecta a nosotros, sino a todos los seres vivos.

LA CONTAMINACIÓN ACÚSTICA INFRAVALORADA
La contaminación acústica siempre ha estado infravalorada en todos los aspectos, desgraciadamente no ha tenido la difusión conveniente para atajar el problema, ni se han puesto los medios apropiados para ello, como se ha ido haciendo con otras cuestiones medioambientales primordiales; siendo el ruido un arma realmente mortal, al igual que puede serlo la contaminación atmosférica.

La concienciación es la clave para frenar nuestra influencia en al Tierra. Todas nuestras actividades generan ruido, pero hay algunas específicas cuyos decibelios sobresalen de los límites que se podrían considerar normales o naturales. La construcción, la industria, los aviones, el tráfico, el tránsito marítimo de barcos, las guerras o el lanzamiento de pirotecnia, entre otros, son los que se alzan con el título de mayores contaminadores acústicos.

Su impacto en la salud es devastador, el ruido es el responsable de 10.000 muertes prematuras en Europa, aunque los datos podrían elevarse porque muchas veces determinados síntomas podrían enmascararse con otras enfermedades.

IMPACTO BRUTAL EN LA VIDA SILVESTRE
Quizás el impacto más demoledor sea el que se puede apreciar en la propia Naturaleza, ya que origina migraciones desproporcionadas, con lo que todo el sistema natural queda trastocado. Los llamados polinizadores desaparecen, las plantas no crecen, y allí donde desaparece la vida, aparece la muerte.

Otra de sus consecuencias directas es que determinados sujetos presentan problemas a la hora de capturar a sus presas, otras aves urbanas machos resultan rechazadas por las hembras por elevar demasiado sus cantos a consecuencia del ruido, por lo que se quedan sin descendencia. Sucede por ejemplo con el gorrión, el carbonero o el herrerillo, entre otros. La revista científica Behavorial Ecology ha publicado un estudio sobre ello.

Uno de los ejemplos más inconcebibles, es el de el varamiento de cetáceos por causa de los sonares de los barcos, aunque también juega un papel importante la contaminación de los mares y océanos. Los animales se muestran perdidos y desorientados con el mareante sonido, aturdidos se quedan encallados en la arena y son en su mayoría, incapaces de volver al mar.

En la propia costa de las Islas Canarias aparecieron 14 zifios varados en el año 2013 con las características lesiones por burbujas del gas a nivel subcutáneo, que fueron relacionados precisamente con unas maniobras militares en la zona, según los estudios de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.


Fuente: Concienciaeco

La diversidad de las plantas enriquece los ecosistemas

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La actual disminución de la biodiversidad a escala global ha fomentado el avance de la investigación sobre la relación entre la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas. Los autores del estudio publicado recientemente en la revista Nature Ecology and Evolution, han relacionado la diversidad vegetal de zonas áridas repartidas por los cinco continentes con varias funciones de los ecosistemas que tienen que ver con la productividad vegetal o la capacidad del suelo para procesar nutrientes, y que a su vez están íntimamente relacionadas con servicios ecosistémicos clave como la fertilidad del suelo, la producción de alimentos, la regulación del clima o el control de la erosión.

“Es la primera que un estudio relaciona la diversidad de rasgos funcionales de las plantas y el funcionamiento del ecosistema en ecosistemas terrestres a escala global”, afirma Fernando T. Maestre, profesor de Ecología de la Universidad Rey Juan Carlos e investigador principal de BIOCOM, proyecto financiado por el Consejo Europeo de Investigación bajo el cual se ha realizado este estudio. Históricamente la comunidad científica ha estudiado el efecto del número de especies en el funcionamiento de los ecosistemas: el número de especies de plantas, su abundancia y la diversidad de sus características morfológicas y fisiológicas (‘rasgos funcionales’ de las plantas). “En nuestro estudio hemos examinado también la diversidad de rasgos funcionales de las plantas, por ejemplo, la distribución de alturas de las plantas o la distribución de las características estructurales de las hojas de las plantas. Dichos rasgos están involucrados directamente en la capacidad de las plantas para adquirir, retener y reciclar recursos como el agua y los nutrientes”, explica Yoann Pinguet, investigador Marie Curie de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC).

Las conclusiones del estudio son sorprendentes: “La diversidad vegetal no es consecuencia del azar en la naturaleza, si no que se organiza de una manera precisa y sistemática”, explica Pinguet. “En la amplia gama de ecosistemas estudiados, la diversidad de rasgos funcionales siempre es más importante para el funcionamiento de los que ecosistemas que lo que se esperaría por azar, y de alguna manera se maximiza”, destaca el investigador de la URJC. El estudio muestra que esta diversidad vegetal está intrínsecamente conectada a la maximización del funcionamiento de los ecosistemas. “Estos resultados nos sorprendieron porque comparamos ecosistemas con especies muy diferentes y con historias geológicas y climáticas muy contrastadas, como los desiertos esteparios de China y América del Sur, la vegetación mediterránea o los bosques australianos.

El hecho de que se detecten vínculos entre la biodiversidad y los ecosistemas a una escala espacial tan grande implica que hay reglas generales que organizan los ecosistemas terrestres y determinan su funcionamiento”, explica Nicolas Gross, autor principal del estudio e investigador del INRA en el Centre d’Etude Biologique de Chizé (CNRS), que actualmente se encuentra realizando una estancia de investigación en la URJC gracias al programa Agreenskills+. “Nuestro estudio no dice que no haya situaciones donde el funcionamiento de los ecosistemas y la biodiversidad sean extremadamente bajos”, advierte Gross, quien añade que “nuestros resultados sugieren que las plantas, incluso en condiciones difíciles, son capaces de optimizar el uso de los recursos a través de una mayor diversidad”.

Al cuantificar una relación general entre la diversidad vegetal y el funcionamiento de los ecosistemas áridos del planeta, este estudio ofrece nuevas perspectivas para predecir el impacto del cambio ambiental global en estos ecosistemas y diseñar estrategias de gestión para hacer frente a los efectos negativos del mismo. “Hemos cuantificado por primera vez cuánta diversidad es necesaria para el funcionamiento óptimo de los ecosistemas”, afirma Pierre Liancourt, investigador asociado de la Academia de Ciencias de la República Checa. Es por ello que “la diversidad de rasgos funcionales de las plantas y su distribución se puede utilizar para evaluar el funcionamiento de los ecosistemas y guiar actuaciones de conservación y restauración de los ecosistemas”, recalca Gross. “Los ecosistemas áridos son el hogar de 38% de la población mundial. Además, el 90% de los mismos se localizan en países en vías de desarrollo que dependen de la agricultura de subsistencia y la ganadería, y por lo tanto son altamente dependientes de los recursos naturales.

La biodiversidad debe ser tenida en cuenta a la hora de garantizar el futuro de los ecosistemas áridos y, por lo tanto, constituye un reto de primer orden para las sociedades humanas que los habitan”, concluye Maestre.


Fuente: Ecoticias.com

Día Internacional de la Madre Tierra

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El 22 de abril se celebra el Día Internacional de la Madre Tierra, una jornada reivindicativa en la que el lema de este año “Alfabetización medioambiental y climática” viene a remarcar la importancia de la educación ambiental para toda la sociedad.
Es imprescindible generar una serie de fuentes gráficas, escritas o habladas para que la población conozca que sus acciones repercuten en el planeta, para bien o para mal. No se puede dejar sin ese conocimiento vital a todos los que habitan la Tierra, porque solamente unas pocas personas instruidas en la materia hacen poco o nada. Si cada uno de nosotros se preocuparse por cada hecho que le pudiera ocurrir, nuestro futuro cambiaría para mejor.

LA ERA DEL ANTROPOCENO
Es responsabilidad de todos los que habitamos en ella mantenerla en un óptimo estado, nuestra vida depende de ella; pero el deber de las autoridades es mostrar el camino de forma transparente, aquí no vale velar u ocultar datos, o menospreciar la información de aquellos investigadores y científicos que llevan años advirtiendo de que el ritmo de la sociedad actual en los países industrializados es devastador para mantener la Tierra sana.
La influencia del ser humano en el planeta es un fenómeno sin parangón, ningún ser ha cambiado la faz de la Tierra tanto como nuestra especie lo ha hecho, con las consecuencias que ello ha traído. El Antropoceno como lo llaman los estudiosos del tema, ya forma parte de nuestra Historia.

Tenemos un problema muy grande cuando todavía no nos hemos dado cuenta que nuestra economía no gira en torno a nosotros, sino en torno a lo que la naturaleza o nuestros recursos naturales nos proveen. Esos recursos van camino de la extinción, así como muchos de los seres vivos que habitan algunos ecosistemas.

Nuestra riqueza no se mide en dinero, sino precisamente en la cantidad de recursos naturales de los que podemos disponer. Pero la degradación del medio ambiente por la actividad humana ha traspasado la barrera, los ciclos naturales ya no se pueden realizar, no hay capacidad de regeneración.
El bienestar común debería ser la prioridad de nuestra sociedad, pero se ha centrado en el beneficio de unos pocos ególatras. Ahora la alarma ha saltado, demasiado tarde ¿Cómo podemos deshacer aquello que hemos creado y alimentado nosotros mismos?

SI NO ES SOSTENIBLE, NO SIRVE
Si hubiésemos sido más listos, nos hubiéramos fijado en los propios sistemas de la Naturaleza, en los que todo está controlado de forma natural. Ahora solo nos queda rectificar el daño, aunque ya no es posible en su totalidad, pero no nos queda más remedio si queremos seguir habitando este planeta. A no ser que queramos un traslado a otro, para seguir haciendo de las mismas.
En los últimos años se ha puesto de moda la palabra sostenibilidad, hasta hace poco tiempo nadie la mencionaba en sus discursos, ahora la debemos aplicar de forma urgente, y todo debería llevar esa etiqueta, o sino quedar descartado.
La Tierra se ha ido envenenando con nuestra actitud, y hemos ido intoxicando cada rincón del planeta con nuestras actuaciones. ¿Existen todavía lugares prístinos? Haberlos, haylos; pero se podrían contar con los dedos de las manos.

DÍA INTERNACIONAL DE LA MADRE TIERRA 2017: ¿YA NO HAY MARCHA ATRÁS?
En la actualidad nos enfrentamos a cuestiones difíciles de erradicar, de parar o de hacer desaparecer: la deforestación. la contaminación, el deshielo, la desertización, la acidez de los océanos, la degradación de los hábitats, la sobrexplotación de los recursos naturales, y un largo etcétera de temáticas con las se que podrían rodar películas de acción o terror, según se mire. El film sobre el cambio climático en 3D que hemos provocado debería ser obligatorio visionarlo, simplemente para que comprobase a flor de piel el peligro en el que nos encontramos.
No le estamos dando la importancia que tiene, cuando el medio ambiente siempre queda relegado a un segundo plano en casi todo, y nuestros políticos apenas lo tienen en cuenta, ni siquiera para ganar votos. Una dejadez, que lejos de dejarme perpleja, me deja más bien indignada.
La respuesta está en nuestras manos, pero hasta el momento nadie se pone de acuerdo para enfrentarse o tener el valor de parar la maquinaria que está exterminando nuestro mundo tal y como lo conocemos.


Fuente: Concienciaeco

Un estudio asegura que somos menos felices por culpa de la contaminación en las ciudades

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La contaminación del aire no sólo tendría efectos negativos sobre nuestra salud, también afectaría severamente nuestro bienestar tal como podría hacerlo la muerte de un ser querido o el término de una relación amorosa, de acuerdo a una investigación científica. El estudio llevado a cabo por dos investigadores de la Universidad de York, titulado “¿Puede un aire limpio hacerte feliz?” expone que las emisiones de humo de los vehículos, particularmente el dióxido de nitrógeno (NO2) de los automóviles diesel afectaría los niveles de bienestar de los habitantes de las ciudades.

Sarah J Knight y Peter Howley han podido demostrar que existiría una correlación entre los bajos índices de bienestar y los puntos más graves de contaminación en las urbes. Para esto utilizaron los datos obtenidos de una encuesta de satisfacción de vida en los hogares británicos con el mapa de las emisiones de NO2 proporcionado por el Departamento de Medioambiente.

De acuerdo a The Guardian, los autores aseguran que el efecto del aire contaminado es “sustancial y comparable al de muchos eventos traumáticos en la vida”. En tanto, agregan que “el aire limpio juega un papel significativo en la calidad de vida”.

Los encargados del estudio aprovecharon la investigación para destacar la necesidad de generar más áreas verdes en las ciudades así como la urgencia de reducir las emisiones contaminantes.


Fuente: Veo Verde

Oslo, una ciudad sin carbono y sin coches para 2030

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Oslo, la capital noruega, podría ser prácticamente neutra en carbono en 2030. Su gobierno municipal, desde 2015 en manos de la izquierda y los verdes, se ha fijado el objetivo de reducir en un 95 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero.

Desde los años noventa se está llevando a cabo una política ambiental que persigue esta meta. Si en 1990 el objetivo era reducirlos en un 50 por ciento en 2020, la siguiente meta es precisamente ésta.

Oslo es una ciudad populosa. No del tamaño de las grandes capitales europeas, como París o Madrid, pero está en constante crecimiento. Hoy, el fenómeno de la urbanización se manifiesta con intensidad en ciudades de todo tipo, y Oslo camina hacia el millón de habitantes.

Su rápido crecimiento no es la razón más importante por la que sus políticos quieren que la ciudad sea una urbe más limpia para mejorar su habitabilidad. “Si el capital de uno de los países más ricos del mundo no es capaz de actuar con rapidez, por lo que va a encontrarse con problemas muy serios “, explica uno de los responsables de política ambiental del consistorio, el ecologista Daniel Rees.

Un objetivo ambiental que, sobre todo, obedece a la necesidad de reacción que impone el avance del cambio climático. “Si queremos que el acuerdo sobre el clima en París para convertirse en una realidad, no hay otra opción”, apunta Rees.

Energía verde y fomento del transporte público

Sus centrales hidroeléctricas son claves para lograrlo, puesto que Oslo quiere producir toda su energía a través de ellas, así como la calefacción, que también serán verdes gracias a sus plantas alimentadas por la quema de biocombustibles y bombas de calor.

Dentro de este proceso, se van a ir dando pasos. Entre otros, para 2020 se tomará la drástica medida de prohibir los sistemas de calefacción de gas y petróleo, lógicamente, con el fin de acelerar el objetivo.

El transporte dentro de la urbe también está sujeta a un proceso de cambio que será clave para que la ciudad diga adiós al coche en el centro urbano para 2019.

Además, se darán ayudas para la compra de coches eléctricos mediante el establecimiento de un sistema fiscal favorable. En este aspecto, no solo la capital sino el país en su conjunto está logrando importantes avances.

En Oslo se espera que toda la flota acabe siendo de coches limpios. De forma paulatina se irán reemplazando los coches convencionales que todavía quedan por otros más ecológicos, idealmente eléctricos. Si todo sale según lo planeado, en 2025 los coches nuevos serán cero emisiones. O, lo que es lo mismo, ningún coche nuevo será emisor de CO2.

Un cambio de gran importancia, al que hemos de sumar la política de fomento del transporte público, que a su vez será cada vez más limpio. En los próximos veinte años Oslo planea invertir 11 mil millones de euros en el transporte público, reforzándolo y mejorando su fuente de energía. Si en un principio se recurrirá a los biocombustibles, hacia 2020 se invertirá en un centenar de nuevos modelos de buses eléctricos, al tiempo que se potenciarán los desplazamientos en bicicleta.

¿Y Noruega?

Como habíamos apuntado, con casi 700.000 habitantes, Oslo es una ciudad que busca convertir su política ambiental en un ejemplo para Europa y el mundo. “Si la capital de uno de los países más ricos del mundo no es capaz de actuar con rapidez, el planeta va a tener problemas serios “, dice el Rees, al tiempo que lamenta que el país no tenga estos objetivos tan ambiciosos.

“A nivel nacional, no tenemos el objetivo de reducción tan ambicioso”, dice. Aún así, comparada con otros países, Noruega es un país verde, que se encuentra entre los países más ecológicos del mundo.

Su compromiso con la deforestación a nivel nacional e internacional e internacional es uno de los puntos fuertes de su política verde.

Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es otro de sus grandes retos. De nuevo el objetivo es doble: dejar de emitir tantos gases a la atmósfera y mejorar el hábitat de sus ciudadanos, haciendo posible que la población pueda respirar un aire más puro.

Sin embargo, hay serios problemas para lograrlo. El principal problema para avanzar sin lastre es encontrar la fórmula para conciliar el hecho de que Noruega sea una nación productora de petróleo y su vocación ambientalista.

Por lo pronto, el país está desarrollando políticas públicas en este sentido. Uno de los objetivos del gobierno conservador de Erna Solberg es eliminar los autos de combustión fósil para 2025. Sus inversiones en sostenibilidad se canalizan en buena parte a través de la agencia pública Innovation Norway, cuya inversión ronda los 400 millones de euros anuales.

Sería todo un logro acabar con la compraventa de coches diésel y gasolina en 2025 y, en su lugar, fomentar los vehículos eléctricos e híbridos. ¿Lo conseguirán? Sus gobernantes están convencidos de ello. “Es perfectamente realista”, dice el ministro de medio ambiente, Vidar Helsegen.

Sin embargo, Noruega es un país productor de petróleo, cuya riqueza depende de estos ingresos, pues el 40 por ciento de su PIB proviene de los combustibles fósiles. Ir independizándose de esta fuente de riqueza y de energía, ya periclitada, será un proceso lento y complejo, pero se camina hacia la ya denominada era postpetróleo.

Pero sus objetivos no serán tan ambiciosos como los de su capital. A nivel nacional, según el Acuerdo de París de 2015, Noruega quiere reducir las emisiones un 40 por ciento para 2030. Son objetivos alejados del 95 por ciento de Oslo, pero similares a los de la Unión Europea. Pero no son objetivos vinculantes, como es sabido, por lo que el futuro puede deparar sorpresas, sobre todo con Donald Trump ejerciendo una influencia negacionista difícil de soslayar.


Fuente: Ecología Verde

10 acciones en 2017 para salvar al planeta

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Si cambiamos algunos hábitos en la vida diaria de todos los habitantes del planeta en 2017, podríamos ayudar a cuidarlo y evitar quedarnos sin el único hogar que hasta ahora conocemos:

Reciclar

Esto podría parecer obvio, pero reciclar todo lo que podamos es una de las mejores cosas que cada uno de nosotros puede hacer para ayudar al medio ambiente. En España, las tasas de reciclaje en los hogares aumentan cada año, pero siempre es posible hacer un esfuerzo más y sobre todo debemos ser ejemplo de familiares y amigos, para que ellos también se unan a esta excelente práctica.

Reutilizar

Cuanta menos cantidad de cosas desechemos, mayor será nuestro aporte al medio ambiente. En vez de comprar botellas de agua cada día o bolsas en el supermercado, reutiliza lo que ya tienes. Composta los elementos orgánicos, elige envases de vidrio que se reciclan al 100 por ciento, dales un nuevo empleo a los botes plásticos, a la ropa y a los muebles viejos; solo hace falta imaginación y buena voluntad.

Come menos carne

La industria de la carne tiene una huella de carbono enorme, ya que se necesitan grandes cantidades de agua, es una fuente de contaminación para la misma, genera una cantidad sustancial de desechos y su ingesta puede producir problemas de salud. Esto no quiere decir que se deba abandonar su consumo por completo, pero si nos proponemos por ejemplo prescindir durante una semana al mes de la carne, el medio ambiente y nuestro cuerpo, nos lo agradecerán.

Cambia tus hábitos de transporte

Reducir las emisiones es una gran ayuda para el medio ambiente. Trata de compartir tus viajes con otras personas que hacen trayectos similares, cambia de medio de transporte o anda en bicicleta. Si realmente no hay manera de evitarlo, considera la posibilidad de cambiar tu coche por un híbrido o un vehículo 100 por ciento eléctrico.

Cuida el agua en casa

Para ello hay una enorme gama de opciones que puedes poner en práctica; solo te costará un tiempo adaptarte a ellas y que pasen a ser un hábito cotidiano. Cerciórate de que los grifos siempre estén cerrados y que las tuberías no tengan pérdidas, date una ducha en vez de un baño y no dejes correr el agua cuando te estés enjabonando.

Sé políticamente consciente

La participación de un país en la lucha mundial por reducir las emisiones de carbono depende de sus políticos. Tristemente, algunos priorizan esta causa más que otros o prometen lo que no cumplen cuando son elegidos. Asegúrate de enterarte cómo gastan los políticos el dinero de tus impuestos y exige que se respete el medio ambiente en todos los ámbitos que te competen.

Reduce el desperdicio de alimentos

Ya sabemos que los supermercados y los restaurantes tiran montones de comida y si bien es posible presionar socialmente para que esto cambie, como ya sucedió en Francia, en casa es posible hacer mejoras a la hora de cocinar, para que no sobre la comida o sea posible reciclarla y que no acabe en la basura.

Come y compre localmente

Comer y comprar alimentos que se han producido ecológicamente y cerca de nuestras casas es otro pequeño paso para ayudar a cambiar las cosas, ya que estaremos apoyando a los agricultores locales que no contaminan el medio ambiente enviando bienes a largas distancias, podremos emplear menos envases y tendremos la tranquilidad de consumir productos sin pesticidas, agroquímicos ni de origen transgénico.

Sé participe del cambio

Hay muchas maneras en que cada uno puede participar activamente para lograr una reversión del cambio climático. Una rápida búsqueda en línea de lo que está sucediendo en tu área local te mostrará eventos y situaciones en las que, si te apetece, podrías involucrarte, ya sea la limpieza de un espacio determinado, ser voluntario de una organización benéfica ambiental o ayudar a concientizar a tus conciudadanos.

Cambia el chip

Solamente es posible lograr que esta problemática que afecta a todos y cada uno de los que vivimos en la Tierra y que se llama cambio climático se revierta, si realmente hay un cambio de mentalidad en lo personal. Si seguimos pensando que tirar basura le da trabajo a los que la recogen o que la moda es la que debe imponer lo que pensamos, nos ponemos, compramos o comemos, le hacemos un flaco favor al medio ambiente, a nuestra salud, al bolsillo y al futuro que le dejaremos a las nuevas generaciones.


Fuente: Teorema

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